
Hace poco llegue a una conclusión escalofriante: cuando sea vieja- pero vieja en serio, con medias de nylon por abajo de la rodilla, polleras que pican, saquitos con agujeros, anteojos y canas- voy a ser de las que le pinchan las pelotas a los chicos cuando, sin querer, la patean para este lado de la medianera y arruinan las plantas.
Yo siempre pensé que iba a ser de las abuelas cool que cuentan cuentos de aventuras, que hacen tortas de chocolate ricas y que, secretamente, le regalan caramelos a sus nietos- a pesar de las protestas de los padres, siempre tan hinchapelotas. En serio, siempre pensé que iba a ser la abuela preferida, la buena del barrio, a la que todos recuerdan con cariño. Mi plataforma abuelistica iba a ser simple y dulce: Cuentos, golosinas y abrazos. Una combinación irresistible que aprendí de la única abuela que me quiso.
Pero no. Tengo 22 años y paso la mayoría de mis días con los dientes tan apretados que es posible que no llegue a los 30 con mi dentadura original. Mis nervios de acero, a fuerza de dos carreras y dos trabajos, se derriten por los bordes: en épocas de finales- como estas- es difícil que no me largue a llorar por cualquier cosa o te mande a la mierda cuando me preguntas si tengo una lapicera de más. Soy de esas, las del ceño fruncido; las que, en los años dorados, uno reconoce por la calle como frígidas de por vida. Saben de quién hablo: minas que no se pueden relajar, que fuman puchos en la esquina, que siempre pero siempre le devuelven a tu sonrisa una cara de orto sin precedentes.
Es un destino triste el que me espera; un cementerio de pelotas muertas, un jardín con olor a pís de gato, una silla con un almohadón desde la que vigilo a mi terruño. Es importante que sepan que escribiendo este post, prendiéndome este porro, tomándome este vino y tocandome por abajo de la mesa- ¡soy pura fuerza de voluntad! ¡Puro falsacionismo cientifico! - estoy trabajando a tiempo completo para torcer mi destino.
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posted by Florence at 5:26 PM






