Ahora que estoy en una epoca de comienzos con la facultad y el trabajo y hago la mayoria de las cosas a una velocidad sobrenatural- como rápido, me baño rápido, leo rápido, escribo rápido, saco fotocopias rápido, tipeo ejercicios rápido, etc- me doy cuenta que genera mucha violencia ir a un ritmo más acelerado que el resto de la gente.No, en serio. Me acabo de agarrar con un taxista que estuvo (no les miento) 2 minutos hurgando en su monedero para encontrar una moneda de un peso- la utopía de los que tomamos muchos colectivos. Me di cuenta que el octogenario tachero iba a otro ritmo: metía su dedo índice, palpaba como un ciego los relieves de las monedas y recién si lograba distinguir una más ancha que el resto llevaba el monedero a la luz para comprobar su palpito y volvía a hurgar. Mientras tanto yo me comía el labio inferior y hacía un ruido molesto con la planta de mi zapato- el signo universal que usamos las mujeres para connotar que estamos apuradas y que nos están haciendo perder el tiempo.
El flaco ni se inmutó: él y yo vivimos en el mismo mundo, en la misma ciudad y en ese momento del tiempo coincidimos en el mismo taxi, pero no percibimos a ese mundo de la misma manera, con las mismas urgencias y exigencias. Era super importante para él encontrar esa moneda y lo hacía como si el fin de ese día fuese uno solo: darme el vuelto. Para mi hay 450 cosas, una más importante que la otra, y encontrar el sabor en las pequeñas cosas es un privilegio que ya perdí, una característica que asocio con los jubilados y los niños. No les miento si les digo que si hubiese tenido un paraguas se lo hubiese partido por la cabeza y no me hubiese importado ni un poco que ese viejo se quede con mi vuelto.
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posted by Florence at 8:32 PM







